martes, 3 de febrero de 2015

1.Té de amor propio.

Me desprendí del daño, el que me causaron y el causado.

Herví el dolor  y me sumergí en él aceptando lo mucho que me quemaba. 

Y lo dejé estar, dejé que quemara.

Dejé que penetrara en mis huesos y en los huecos más recónditos de mi estructura animal.

Entonces el vacío dolía, volvía a sentir.

Me dejé hervir en él un instante, unas horas, unos meses, años.

Y ha dejado de quemar.

Es el momento, por fin, de añadirle una bolsita de amor propio y disfrutar de la hora del té. 



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