Entro y me das oscuridad, debería obedecer a mi neuroticismo, salir corriendo por esta vez.
Pero me atrapas y no puedo negar el miedo que provocas.
Teñido queda todo de ese negro drama que erupciona en la afilada aguja del minutero de algún reloj de pared.
Y no paras (ojalá lo hicieras) aunque retumben los segundos, ni aunque se partan sin aviso, porque la vida es tiempo pero me acercas a la muerte.

No hay comentarios:
Publicar un comentario