La percepción en otro mundo, los hemisferios repletos de colores
rumiantes y en el paladar el sabor de la pérdida.
Tengo una brújula destrozada en el interior que siempre me
coloca justo en el centro de cada guerra. Guerras en las que no participo. Guerras que
repudio. Pero en ese punto, estática, me alcanzan cada una de las balas de cada
ente ajeno. Permanezco en silencio mientras cada bala destroza una parte de mí:
mi moral, mi emoción.
¿Por qué permanezco ahí? ¿Por qué destrozar en cada bala lo que tanto cuesta construir? ¿Por qué no me matan?
¿Por qué permanezco ahí? ¿Por qué destrozar en cada bala lo que tanto cuesta construir? ¿Por qué no me matan?
En cada estancia estática, aprendo a huir (sin articular,
sin conducta) a ese lugar que tanto empeño pongo en construir. Ese lugar que sufre metamorfosis
cada segundo.
Huir, huir, huir estando quieta.
Huir a mí misma.
